La parlamentaria boliviana Nathaly Solares Tuesta propuso impulsar un mecanismo regional para fortalecer las zonas francas de los Estados Partes del MERCOSUR y conectarlas con puertos, corredores bioceánicos, pasos fronterizos y cadenas productivas. Durante la CIX Sesión Ordinaria del Parlamento del MERCOSUR (PARLASUR), celebrada el 31 de agosto de 2026 en Montevideo, presentó a la Zona Franca Comercial e Industrial de Cobija como ejemplo de cómo esa conexión puede favorecer la industrialización, el empleo y el acceso a nuevos mercados.
“Hoy quiero plantear una propuesta desde Bolivia, pero con una visión para todo el MERCOSUR”, afirmó Solares. Al explicar el papel que atribuye a las zonas francas, sostuvo que “deben convertirse en plataformas de producción, industrialización, transformación, inversión y exportación, especialmente en nuestras regiones fronterizas”.
Cobija y la industrialización en la frontera
La Zona Franca Comercial e Industrial de Cobija fue creada en 1983 para impulsar el desarrollo económico y social de Pando. Cobija, capital del departamento, está conectada por carretera con los municipios brasileños de Brasileia y Epitaciolândia, en el estado de Acre, donde funciona un Área de Libre Comercio. En 2018, Bolivia prorrogó por veinte años el régimen de Cobija y estableció medidas para promover la actividad productiva e industrial en Pando.
El 16 de septiembre de 2026, poco después de la intervención parlamentaria, se inauguró en el predio de la zona franca, sobre la carretera Cobija–Porvenir, el Centro Tecnológico de Innovación Productiva de Madera (CETIP). La obra demandó una inversión de 30,5 millones de bolivianos, financiada con recursos de la propia zona franca. El centro ofrece servicios de secado y procesamiento de madera y dispone de seis hornos industriales, con capacidad para procesar hasta 480.000 pies tablares al año. Según los datos presentados en la inauguración, se prevé que beneficie a más de 1.300 familias vinculadas a la cadena forestal de Pando.
En el plano regional, Solares sostuvo que, por su ubicación, Cobija “puede convertirse en una plataforma de integración entre Brasil, Bolivia y Perú”. También mencionó el puerto peruano de Chancay al referirse a las posibilidades de conectar la producción boliviana con los mercados asiáticos. “Queremos que los productos se transformen, generen valor, empleo e inversión en nuestras regiones”, expresó.
Una propuesta regional en cuatro ejes
Para avanzar en esa dirección, la parlamentaria planteó facilitar y digitalizar los trámites aduaneros y comerciales, promover la inversión y la industrialización dentro de las zonas francas, mejorar su conexión con los pasos fronterizos, los corredores y los puertos, y generar incentivos para que las pequeñas y medianas empresas de las regiones fronterizas “puedan incorporarse al comercio regional”.
En materia aduanera, la Decisión n.º 33/15 del Consejo del Mercado Común establece las condiciones en que las mercancías originarias de un Estado Parte pueden conservar su condición de origen durante el transporte o el almacenamiento en una zona franca bajo control aduanero.
Al cerrar su intervención, Solares invitó al PARLASUR a impulsar una recomendación para que las zonas francas “sean reconocidas como instrumentos estratégicos de integración económica del MERCOSUR”. “No queremos fronteras que separen, queremos fronteras que integren”, afirmó. Y concluyó que “la verdadera integración comienza cuando esa frontera se convierte en una oportunidad de desarrollo para nuestros países”.
Panorama de las zonas francas en el MERCOSUR
Las cifras disponibles corresponden a distintos años y regímenes nacionales. Los datos de empleo se refieren, según la fuente, al conjunto de las zonas francas de un país o a un polo industrial específico.
En Argentina, el Consejo Federal de Inversiones identificó 14 zonas francas operativas en su estudio sobre logística regional. Entre ellas figuran La Plata, Bahía Blanca–Coronel Rosales, Puerto Iguazú, General Pico, Zapala y Río Gallegos. Según la Organización Mundial del Comercio (OMC), las empresas instaladas en las zonas francas argentinas registraron 2.224 empleos directos y 5.735 indirectos en 2020.
En Bolivia, el listado de puntos aduaneros publicado en 2026 por la Comunidad Andina incluye, además de Cobija, las zonas francas industriales de Patacamaya (La Paz), Oruro y Winner (Santa Cruz). El registro identifica los puntos utilizados para el intercambio de datos de las declaraciones aduaneras.
Brasil cuenta con la Zona Franca de Manaus y, bajo un régimen propio, con cuatro Zonas de Procesamiento de Exportación activas, ubicadas en Pecém, Parnaíba, Cáceres y Uberaba. Entre enero y agosto de 2026, el Polo Industrial de Manaus registró un promedio mensual de 132.052 puestos de trabajo y una facturación acumulada de 165.120 millones de reales, según la Superintendencia de la Zona Franca de Manaus (Suframa).
En Paraguay, dos de las siete zonas francas concesionadas estaban en operación en mayo de 2026, según datos oficiales recogidos por ABC Color. Ambas se ubican en Ciudad del Este, departamento de Alto Paraná. Son la Zona Franca Global del Paraguay y la Zona Franca Internacional, operada por el Consorcio Trans Trade.
En Uruguay, la memoria de gestión de 2025 del Ministerio de Economía y Finanzas registró 13 zonas francas operativas en ocho departamentos. Según el censo de 2023, ese año el régimen contabilizó 16.974 empleos directos y US$ 1.012 millones en inversiones. Las exportaciones alcanzaron US$ 8.120 millones, equivalentes al 37 % del total exportado por el país en ese período.
